ANGUITA: “Es más que comprensible la indignación ciudadana ante la impúdica exhibición de derroche, sueldos de escándalo y prepotencia de esa casta (sí que lo es) de depredadores de su propio país”

Gastos en armamento que no sirve para nada pero que nos endeudan, obras faraónicas totalmente inútiles, salvo para comisionistas intermediarios y compadres, plantillas duplicadas de empleados de libre designación y confianza en las instituciones públicas

Julio Anguita

El economista.es

Es más que comprensible la indignación ciudadana ante la impúdica exhibición de derroche, sueldos de escándalo y prepotencia de esa casta (sí que lo es) de depredadores de su propio país. Se han comportado, y seguro que siguen todavía, como unos colonizadores que en nombre de las más fraudulentas acepciones de las palabras modernidad, riqueza y crecimiento han prostituido la política, la capacidad e inventiva económica y el derecho.

Pero ya es hora de que la ira, por justificada que esté, ceda paso a una fría evaluación de los perjuicios materiales pasados y presentes causados. Para ello sugiero a quienes tengan datos, tiempo y voluntad de concretar el expolio que calculen y evalúen con una sencilla operación contable la ingente cantidad de recursos públicos robados y dilapidados.

Desde la financiación irregular de organizaciones de todo tipo hasta la entrada a saco en los fondos reservados del Estado, pasando por las operaciones urbanísticas ilegales, las evasiones de impuestos, los paraísos fiscales, las mordidas, los pufos bancarios, hasta los negocios más que turbios emanados de los procesos privatizadores, España ha devenido en una sociedad exangüe y víctima de un enjambre de pirañas.

¿Y el despilfarro que no ha sido descubierto?

Gastos en armamento que no sirve para nada pero que nos endeudan, obras faraónicas totalmente inútiles, salvo para comisionistas intermediarios y compadres, plantillas duplicadas de empleados de libre designación y confianza en las instituciones públicas, bajas temerarias en las licitaciones públicas convenientemente subsanadas por el amiguismo cómplice, encargos a gabinetes privados obviando a los funcionarios de las instituciones previo acuerdo en el reparto de beneficios, subvenciones para cursos que no se dan, ERE transidos de venalidad, tarjetas suntuarias con patente de corso, etc. ¿Podría alguien con paciencia y método cuantificar el monto total de este inmenso robo, al cual debe añadirse el que todavía no ha sido descubierto?

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