Julio Anguita: España, entre el paraíso virtual y la realidad sufriente

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El paro, la pobreza, el cierre de pequeñas empresas y comercios, los ataques a la Sanidad pública o los recortes en Educación se sustituyen por consignas que anuncian la recuperación, la creación de empleo y la salida del túnel.

Con una genial interpretación de Peter Sellers se estrenó en 1979 una película que bajo el título de Mr. Chance, narraba la historia de un hombre que se crió hasta los cincuenta años en una casa en la que vivió como jardinero y de la que nunca salía.

Su único contacto con la realidad era a través de los distintos televisores instalados en cada una de las habitaciones de la vivienda. Su obligada salida al exterior es toda una exhibición del contraste entre la cotidianidad y su mundo de imágenes y zapping.
España como Mr. Chance

Creo que el Gobierno de España y especialmente el presidente y su ministro de Hacienda han devenido en una reencarnación de Mr. Chance. El paro, la pobreza, el cierre de pequeñas empresas y comercios, los ataques a la Sanidad pública o los recortes en Educación se sustituyen por consignas que anuncian la recuperación, la creación de empleo y la salida del túnel.

De los cuatro componentes del PIB, medido en términos de demanda, consumo, inversión, gasto público y exportaciones netas, los tres primeros siguen a la baja y el cuarto experimenta un avance del 6,9% que debe ser matizado por el descenso de las importaciones en un 3,1%. Y también por la bajada de costes laborales que inciden en el consumo interno y en la demanda agregada.
¿En qué se basan las predicciones oficiales?

Sólo encuentro dos explicaciones en la línea de Mr. Chance: la una es la extrapolación de datos a una realidad virtual que no tiene en cuenta la situación de la mayoría de la población y otra, la de Emilio Botín anunciando la llegada de ingentes cantidades de dinero a España sin explicar cómo y para quién.

El mito de El Dorado y la reedición del mundo de Jauja constituyen el universo virtual en el que se nos quiere instalar para olvidar el otro, el de la cotidianidad sufriente. Lo que ocurre es que otra frustración para quienes todavía se agarran al zapping televisivo, tendrá consecuencias sociales y políticas incalculables.

eleconomista.es

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